
Me mueve hacia arriba y abajo, caprichos y giros
Me arrastra, me arrolla y me acomoda en sus arcos
Como una resaca lívida, retrae el alma del céfiro
Me exalta, me anula, me encumbra, delicioso, en lo más bajo.
Tú eres el mar. El mar eres tú, no eres agua ni sal
Tus gestos los hacen bailar, a su albedrío, usando tu fuerza
Me ahogan, me rinden, me rindo, me obligan a moverme a su compás
Me matan, los cuido, me tumban, los ansío. Trajeron la vida de vuelta.
Trajeron el viento que nació de un suspiro ignorante
Levantan olas que golpean el muro de roca y lo calan
Regresan e insisten, alimentadas por el mismo impulso.
Me golpean en la cara, me impiden respirar, evitan que ande
Adoro sus reveses y sus querencias con exquisito pesar
Me resigno y clamo a la cruel tempestad ante el sosiego insulso.
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